miércoles, 20 de agosto de 2008

puente de calatrava


"disculpe; no puede sentarse en una obra de arte"





calatrava tiene razón

iluminaciones


"disculpe; no puede sentarse en una obra de arte"


en bilbao, en una de sus plazas más significativas, tienen un monumento al sagrado corazón. recientemente han restaurado el monumento y han ¡¡¡dorado!!! el sagrado corazón. supongo que será pintura, pero pudiera ser que hayan recubierto al cristo amante de oro... esto me recuerda a una persona que yo conocí que se consideraba comunista y llevaba una hoz y martillo de puro oro. era propietario de un club de alterne

el gugge es un edificio armonioso. estéticamente, exteriormente, es bello. el interior y su técnica constructiva son más dudosos. sus estructuras son cualquier cosa menos bellas y muchas de sus vigas y soportes parecen haber sido puestas al azar o a la voz de tenemos que poner una viga aquí, que se nos cae

el exterior, por la noche, está iluminado de forma sobria y elegante y el contrapunto que le han puesto en el puente (cuando las luces están quietas) forma un bonito conjunto

decía que en bilbo están haciendo un esfuerzo importante con la iluminación de la ría y sus aledaños. me quedo con el puente y el gugge. el resto me parece feo y mal hecho. es difícil hacer fotos de sus iluminaciones o de sus puentes. he hecho alguna y haré más, pero para conseguir buenas fotos tendré que echar mano de mi experiencia como fotógrafo, más que aprovechar los cuantiosos medios que han empleado

si cuando iluminan un espacio no es fácil hacer buenas fotos es que está mal iluminado. así, sin más. y no se trata de cantidad de farolas más o menos ornamentales (esa sería otra; si son más o menos ornamentales). se trata de iluminar con un criterio fotográfico o... teatral, que viene a ser lo mismo

día de elecciones


recuerdo de magritte

hay un cuadro de magritte que reproduce múltiples veces la imagen de un hombrecillo con sombrero hongo sobre la fachada de un edificio. he hecho un apaño con esa idea y la estatua de franco de santander y un edificio; el de su ayuntamiento. el día que hice la foto llovía. pero le he puesto un cielo azul, pensando que a magritte le gustaría. me gusta la imagen resultante, aunque no me suelen gustar los montajillos fotográficos.

magritte es un tipo lúcido e inteligente. se inventa una forma de concebir la publicidad de dos o tres décadas posteriores y los video-clip´s de la mtv. y el invento ya dura durante décadas. creo que no hay nada en el horizonte aún

franco también duró décadas. no el de la estatua de la foto. el dirigente supremo de este país

un militar nato. de los de aquella época y de los de esta parte del mundo. entonces. los obispos y los cardenales le tenían mucho respeto y le hacían entrar bajo palio en las iglesias y catedrales. lo del palio es una especie de toldo adornado que se utiliza, que yo sepa, para cubrir los pasos de la virgen en semana santa. era muy creyente, a su forma, y usufractaba una reliquia de una santa. el brazo incorrupto de santa teresa de jesús, del que en general no se separaba. aunque al brazo incorrupto en alguna ocasión se le hizo recorrer españa sobre un coche con gran éxito de publico. por torrelavega pasó

estaba firmemente convencido de que había una conspiración judeo-masónica contra él. de tanto repetirlo prácticamente todo el país, éste, lo admitía como cierto. hasta que no se murió no se cayó en la cuenta de que judíos no había, que los habían expulsado los reyes católicos siglos antes y que masones era algo soñado

franco quiso ser marino, pero fue rechazado. entonces acabó en la academia militar de zaragoza donde sus compañeros le pusieron el mote de franquito por su voz aflautada. llegó a ser un militar muy respetado. en los años cuarenta había un comic para los niños que se llamaba "flechas y pelayos" y aparecieron varios relatos ilustrados sobre anécdotas gloriosas de franco. en una de ellas se narra como hizo fusilar a un legionario porque se negaba a comer los garbanzos de su rancho

fundó la legión junto a un arrojado militar llamado millán astrain, que más o menos tenía medio cuerpo, perdida la otra mitad en valerosas actividades de campaña contra los insurrectos moros. millán, durante la guerra civil, participó en un acto en la universidad de salamanca, de la que era rector unamuno. unamuno, que se había declarado a favor de los insurrectos contra la república, fue crítico con la forma en que estaba llevando las cosa el bando derechista y acabó su discurso con la frase "venceréis, pero no convenceréis". es célebre la respuesta de millán que gritó, ante la frase de unamuno: "¡viva la muerte!, ¡abajo la inteligencia!"

momentos brillantes de la epopeya de un país...

lo decisivo


"uno entregaba el cuchillo al otro por encima de la cabeza de K, y el último se lo devolvía al primero. K sabía que su deber hubiera consistido en coger el cuchillo cuando pasaba de mano en mano sobre su cabeza y clavárselo. Pero no lo hizo; en vez de eso, giró el cuello, aún libre, y miró alrededor. No podía satisfacer todas las exigencias, quitarle todo el trabajo a la organización; la responsabilidad por ese último error la soportaba el que le había privado de las fuerzas necesarias para llevar a cabo esa última acción. Su mirada recayó en el último piso de la casa que lindaba con la cantera. Del mismo modo en que una luz parpadea, así se abrieron las dos hojas de una ventana. Un hombre, débil y delgado por la altura y la lejanía, se asomó con un impulso y extendió los brazos hacia afuera. ¿Quién era? ¿Un amigo? ¿Un buen hombre? ¿Alguien que participaba? ¿Alguien que quería ayudar? ¿Era sólo una persona? ¿Eran todos? ¿Era ayuda? ¿Había objeciones que se habían olvidado? Seguro que las había. La lógica es inalterable, pero no puede resistir a un hombre que quiere vivir. ¿Dónde estaba el juez al que nunca había visto?
¿Dónde estaba el tribunal supremo ante el que nunca había comparecido? Levantó las manos y estiró todos los dedos.

Pero las manos de uno de los hombres aferraban ya su garganta, mientras que el otro le clavaba el cuchillo en el corazón, retorciéndolo dos veces. Con ojos vidriosos aún pudo ver cómo, ante él, los dos hombres, mejilla con mejilla, observaban la decisivo.


––¡Como a un perro! ––dijo él: era como si la vergüenza debiera sobrevivirle."


el proceso. f. kafka

detenido


"- Usted está detenido

- Pero ¿cómo puedo estar detenido, y de esta manera?

- Ya empieza usted de nuevo ––dijo el vigilante, e introdujo un trozo de pan en el tarro de la miel––. No respondemos a ese tipo de preguntas.

- Pues deberán responderlas. Aquí están mis documentos de identidad, muéstrenme ahora los suyos y, ante todo, la orden de detención.

-¡Cielo santo! ––dijo el vigilante––. Que no se pueda adaptar a su situación actual, y que
parezca querer dedicarse a irritarnos inútilmente, a nosotros, que probablemente somos los que ahora estamos más próximos a usted entre todos los hombres.

Así es, créalo ––dijo Franz, que no se llevó la taza a los labios, sino que dirigió a K una
larga mirada, probablemente sin importancia, pero incomprensible. K incurrió sin quererlo en un intercambio de miradas con Franz, pero agitó sus papeles y dijo:

- Aquí están mis documentos de identidad.

- ¿Y qué nos importan a nosotros? ––gritó ahora el vigilante más alto––. Se está
comportando como un niño. ¿Qué quiere usted? ¿Acaso pretende al hablar con nosotros
sobre documentos de identidad y sobre órdenes de detención que su maldito proceso acabe pronto? Somos empleados subalternos, apenas comprendemos algo sobre papeles de identidad, no tenemos nada que ver con su asunto, excepto nuestra tarea de vigilarle diez horas todos los días, y por eso nos pagan. Eso es todo lo que somos. No obstante, somos capaces de comprender que las instancias superiores, a cuyo servicio estamos, antes de disponer una detención como ésta se han informado a fondo sobre los motivos de la detención y sobre la persona del detenido. No hay ningún error. El organismo para el que trabajamos, por lo que conozco de él, y sólo conozco los rangos más inferiores, no se dedica a buscar la culpa en la población, sino que, como está establecido en la ley, se ve atraído por la culpa y nos envía a nosotros, a los vigilantes. Eso es ley. ¿Dónde puede cometerse aquí un error?

- No conozco esa ley––dijo K.

- Pues peor para usted––dijo el vigilante.

- Sólo existe en sus cabezas ––dijo K, que quería penetrar en los pensamientos de los vigilantes, de algún modo inclinarlos a su favor o ir ganando terreno. Pero el vigilante se
limitó a decir:

- Ya sentirá sus efectos.

Franz se inmiscuyó en la conversación y dijo:

- Mira, Willem, admite que no conoce la ley y, al mismo tiempo, afirma que es inocente.

- Tienes razón, pero no se puede conseguir que comprenda nada ––dijo el otro"


el proceso. f. kafka

¿es usted inocente?


"––¿Es usted inocente? ––preguntó.

––Sí ––dijo K––. La respuesta a esta pregunta le causó alegría, especialmente porque la
respondió ante un particular, es decir sin asumir responsabilidad alguna. Nadie hasta ese
momento le había preguntado de un modo tan directo. Para disfrutar de esa alegría, añadió:

––Soy completamente inocente.

––Bien ––dijo el pintor, bajó la cabeza y pareció reflexionar. De repente subió la cabeza y dijo:

––Si usted es inocente, entonces el caso es muy fácil.

La mirada de K se nubló, ese supuesto hombre de confianza del tribunal hablaba como un niño ignorante.

––Mi inocencia no simplifica el caso ––dijo K, que, a pesar de todo, tuvo que reír,
sacudiendo lentamente la cabeza––. Todo depende de muchos detalles, en los que el tribunal se pierde. Al final, sin embargo, descubre un comportamiento culpable donde originariamente no había nada.

––Sí, cierto, cierto ––dijo el pintor, como si K estorbase innecesariamente el curso de sus
pensamientos––. Pero usted es inocente.

––Bueno, sí––dijo K

––Eso es lo principal––dijo el pintor.

No había manera de influir en él con argumentos en contra; a pesar de su resolución, K no sabía si hablaba así por convicción o por indiferencia. K quiso comprobarlo, así que dijo:

––Usted conoce este mundo judicial mucho mejor que yo, yo no sé más que lo que he
oído aquí y allá, aunque lo oído procedía de personas muy distintas. Todos coinciden en que no se acusa a nadie a la ligera y que el tribunal, cuando acusa a alguien, está convencido de la culpa del acusado y que es muy difícil hacer que abandone ese convencimiento.

––¿Difícil? ––preguntó el pintor, y elevó una mano––. Nunca se le puede disuadir. Si
pintase a todos los jueces aquí en la pared, uno al lado del otro, y usted se defendiese ante ellos, tendría más éxito que ante un tribunal real.

... ...

––He olvidado preguntarle al principio qué tipo de absolución prefiere. Hay tres
posibilidades, la absolución real, la absolución aparente y la prórroga indefinida. La
absolución real es, naturalmente, la mejor, pero no tengo ninguna influencia para lograr esa solución. Aquí decide, con toda probabilidad, la inocencia del acusado. Como usted es
inocente, podría confiar en alcanzarla, pero entonces no necesitaría ni mi ayuda ni la de
cualquier otro.

Esta gama de posibilidades desconcertó al principio a K, luego dijo también en voz baja,
como había hablado el pintor:

––Creo que se contradice.

––Por qué? ––preguntó el pintor con actitud paciente, y se reclinó sonriente.

Esa sonrisa despertó en K la impresión de que no se proponía cubrir contradicciones en
las palabras del pintor, sino en el mismo procedimiento judicial. No obstante, continuó:

––Hace poco comentó que el tribunal es inaccesible para todo tipo de argumentación,
después ha limitado la validez de ese principio al tribunal oficial y ahora dice, incluso, que el inocente no necesita ayuda alguna ante el tribunal. Ahí se produce una contradicción.
Además, antes ha dicho que se puede influir personalmente en los jueces, pero ahora pone en duda que se pueda llegar a la absolución real, como usted la llama, mediante una influencia personal. Ahí se incurre en una segunda contradicción.

... ...

––¿Cómo denominó las otras dos posibilidades?

Ya había olvidado las expresiones que el pintor había empleado.

––La absolución aparente y la prórroga indefinida ––dijo el pintor––. Usted elige. Ambas
se pueden lograr con mi ayuda, naturalmente no sin esfuerzo, la diferencia en este sentido radica en que la absolución aparente requiere un esfuerzo intermitente y concentrado, mientras que la prórroga, uno más débil, pero continuado. Bien, comencemos por la absolución aparente. Si eligiese ésta, escribiré en un papel una confirmación de su inocencia. El texto para una confirmación así lo he heredado de mi padre y resulta irrefutable. Con esa confirmación hago una ronda con los jueces que conozco. Por ejemplo, comienzo hoy por la noche con el juez al que estoy pintando, cuando venga a la sesión. Le presento la confirmación, le aclaro que usted es inocente y me hago garante de su inocencia. Pero no se trata de una garantía superficial o ficticia, sino real y vinculante.

En la mirada del pintor había un aire de reproche por el hecho de que K le cargase con esa responsabilidad.

––Sería muy amable de su parte ––dijo K––. ¿Y el juez, en el caso de que le creyera,
tampoco me absolvería realmente?"

f kafka

el proceso


"mírame y se color"



"––¡Josef K!

K se detuvo y miró al suelo. Aún era libre, podía seguir y escapar por una de las pequeñas y oscuras puertas de madera, que no estaban lejos. Pero eso significaría o que no había entendido o que había entendido pero no quería hacer ningún caso. Si se daba la vuelta, se tendría que quedar, pues habría confesado tácitamente que había comprendido muy bien su nombre y que quería obedecer. Si el sacerdote hubiese gritado de nuevo, K habría proseguido su camino, pero como todo permaneció en silencio, volvió un poco la cabeza, pues quería ver qué hacía el sacerdote en ese momento. Se le veía tranquilo en el púlpito, se podía advertir que había notado el giro de cabeza de K. Hubiera sido un juego infantil si K no se hubiese dado la vuelta por completo. Así lo hizo, y el sacerdote le llamó con una señal de la mano. Como ya todo ocurría abiertamente, avanzó ––lo hizo en parte por curiosidad y en parte para tener la oportunidad de acortar su estancia allí–– con pasos largos y ligeros hasta el púlpito. Se paró ante los bancos, pero al sacerdote le parecía que la distancia era aún
demasiado grande. Estiró la mano y señaló con el dedo índice un asiento al pie del púlpito.
K siguió su indicación y, al sentarse, tuvo que mantener la cabeza inclinada hacia atrás para poder ver al sacerdote.

––Tú eres Josef K ––dijo el sacerdote, y apoyó una mano en el pretil con un movimiento
incierto.

––Sí ––dijo K. Pensó cómo en otros tiempos había pronunciado su nombre con entera
libertad, pero ahora suponía una carga para él, también ahora conocía su nombre gente a la que veía por primera vez. Qué bello era que le presentaran y luego conocer a la gente.

––Estás acusado ––dijo el sacerdote en voz baja.

––Sí ––dijo K––, ya me lo han comunicado.

––Entonces tú eres al que busco ––dijo el sacerdote––. Yo soy el capellán de la prisión.

––¡Ah, ya! ––dijo K.

––He hecho que te trajeran aquí para hablar contigo ––dijo el sacerdote.

––No lo sabía ––dijo K––. He venido para mostrarle la catedral a un italiano.

––Deja lo accesorio ––dijo el sacerdote––. ¿Qué sostienes en la mano? ¿Un libro de
oraciones?

––No ––respondió K––, es un folleto con los monumentos históricos de la ciudad.

––Déjalo a un lado ––dijo el sacerdote.

K lo arrojó con tal fuerza que se rompió y un trozo con las páginas dobladas se deslizó por el suelo.

––¿Sabes que tu proceso va mal? ––preguntó el sacerdote.

––También a mí me lo parece ––dijo K––. Me he esforzado todo lo que he podido, pero
hasta ahora sin éxito. Además, aún no he concluido mi primer escrito judicial.

––¿Cómo te imaginas el final? ––preguntó el sacerdote.

Al principio pensé que terminaría bien ––dijo K––, ahora hay veces que hasta yo mismo lo dudo. No sé cómo terminará. ¿Lo sabes tú?

––No ––dijo el sacerdote––, pero temo que terminará mal. Te consideran culpable. Tu
proceso probablemente no pasará de un tribunal inferior. Tu culpa, al menos
provisionalmente, se considera probada.

––Pero yo no soy culpable ––dijo K––. Es un error. ¿Cómo puede ser un hombre
culpable, así, sin más? Todos somos seres humanos, tanto el uno como el otro.

––Eso es cierto ––dijo el sacerdote––, pero así suelen hablar los culpables.

––¿Tienes algún prejuicio contra mí? ––preguntó K.

––No tengo ningún prejuicio contra ti ––dijo el sacerdote.

––Te lo agradezco ––dijo K––. Todos los demás que participan en mi proceso tienen un
prejuicio contra mí. Ellos se lo inspiran también a los que no participan en él. Mi posición es cada vez más difícil.

––Interpretas mal los hechos ––dijo el sacerdote––, la sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento mismo se va convirtiendo lentamente en sentencia"


el proceso

f. kafka

niebla


"mírame y se color"


me gusta la niebla por la noche


...y conducir a su través


determinadas músicas adquieren otra dimensión. por ejemplo la bossa nova

por ejemplo stan getz

la libertad


"mírame y se color"

esta imagen da un poco idea de libertad

la realidad es que el potro está amarrado en corto y trota porque hay un perrillo ladrándole que se ve en la foto siguiente que disparé. tuve suerte y entre algunas hierbas y el propio caballo que además tapa la cuerda con la que está amarrado conseguí una foto de un animal amarrado que ofrece una imagen de la libertad

¡qué falso!, ¿no?

y es que una imagen nunca es la realidad. "esto no es una pipa" escribe magritte en grandes caracteres debajo de una pipa pintada

imagen, da nombre a imaginación que hace referencia a cosa distinta de la realidad

la foto es de hace un tiempo. es una diapositiva. todavía estaba empezando tímidamente la producción de realidad virtual. hoy la realidad virtual hace estúpido y anacrónico el comentario del perrillo, la cuerda y el que esté amarrado el caballo de la libertad

este ya es un mundo virtual y, diga lo que haya dicho magritte, si debajo de una imagen de la felicidad pone un rótulo que pone "esto es la felicidad" es que es la felicidad




este ya es un mundo feliz ¿no ves el rótulo?

para hacer un poema


"mírame y se color"



para hacer un poema...

"Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo."

tristan tzara



...o es usted un genial artista del p.o.p. ...




...cantautor en acústico

"mírame y se color"


"mírame y se color"

"el instante decisivo del desarrollo humano es continuo. por ello los movimientos revolucionarios que declaran la nulidad de todo lo acaecido con anterioridad tienen razón, pues todavía no ha ocurrido nada"

franz kafka


"Cómo me volví encantador, simpático y delicioso

Duermo muy tarde. Me suicido en un 65%.
La vida me sale muy barata, no es para mí sino un 30%. Mi vida tiene 30% de vida. Le faltan brazos, unos bramantes y algunos botones. Un 5% lo consagro a un estado de estupor semi-lúcido acompañado de crepitaciones anémicas. Ese 5% se llama DADÁ. O sea que la vida es barata. La muerte es un poco ma´s cara. Pero la vida es encantadora y también la muerte es encantadora.
Hace unos días estaba yo en una reunión de imbéciles. Había mucha gente. Todo el mundo era encantador. Tristan Tzara, un personaje pequeño, idiota e insignificante, daba una conferencia sobre el arte de volverse encantador. Por lo demás él era encantador. Todo el mundo es encantador. E ingenioso. ¿Acaso no es delicioso? Por lo demás, todo el mundo es delicioso. 9 grados bajo cero. Es encantador, ¿verdad? NO, no es encantador. Dios no está a la altura. Ni siquiera está en la Guía Telefónica. Pero de todos modos es encantador.
Los embajadores, los poetas, los condes, los príncipes, los músicos, los periodistas, los actores, los escritores, los diplomáticos, los directores, los costureros, los socialistas, las princesas y las baronesas, son encantadores.
Todos ustedes son encantadores, muy agudos, ingeniosos y deliciosos.
Tristan Taza les dice: quisiera hacer otra cosa, pero prefiere seguir siendo un idiota, un farsante y un bromista.
Sean sinceros por un instante: lo que les acabo de decir ¿es encantador o idiota?
Hay personas (periodistas, abogados, amateurs, filósofos) que inclusive consideran los negocios, los matrimonios, las visitas, las guerras, los congresos diversos, las sociedades anónimas, la política, los accidentes, los bailes, las crisis económicas, las crisis nerviosas, como variaciones de dadá. Como no soy imperialista, no comparto su opinión; más bien creo que dadá es una divinidad de segundo orden, a la que hay que colocar simplemente al lado de las otras formas del nuevo mecanismo de religiones de interregno.
La simplicidad ¿es simple o es dadá?
Me parezco bastante simpático."

tristan tzara

las puertas de la ley


las puertas de la ley

"Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde. —Es posible —dice el guardián—, pero ahora, no.
Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice: —Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero. El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo —hasta lo más valioso— en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo:

—Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo.

Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse. El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino.

—¿Qué quieres saber ahora? –pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos buscan la Ley –dice el hombre—. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella?

El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras. —Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente.

Ahora cerraré. "

franz kafka